Tener una alimentación sana, variada y equilibrada es fundamental para conservar la salud de nuestro cuerpo. Las personas que sufren la enfermedad de Parkinson tienen un motivo adicional para seguir ese consejo a rajatabla. Es importante que exista un control riguroso sobre lo que comen y lo que beben y también sobre cuándo y cómo lo hacen.
Variaciones de peso, náuseas, estreñimiento, problemas de apetito y dificultades a la hora de tragar son algunos contratiempos a los que se enfrentan con frecuencia, tanto por síntomas de la enfermedad como por los efectos de la medicación. En el caso de tratamientos con levodopa, generalmente se aconseja administrarla hasta una hora antes de las comidas. De este modo se evita que los aminoácidos de las proteínas (importantísimas en la dieta) dificulten su absorción.


