Los asuntos financieros y patrimoniales que implican a la persona con demencia deben ser tratados desde las etapas tempranas de la enfermedad.
En fases iniciales, la persona puede ser capaz de gestionar su patrimonio y ser consciente de sus obligaciones legales. No obstante, es una de las primeras áreas personales donde se observan las dificultades para autogobernarse cuando hay un declive en su capacidad intelectual.

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