FISIOTERAPIA EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

FISIOTERAPIA Y ALZHEIMER

Según el informe mundial sobre el Alzheimer “Superar el estigma de la demencia: una prioridad de salud pública”, publicado en abril de 2012 por la Alzheimer Disease International (ADI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que, en 2010 había 36 millones de personas en el mundo que vivían con demencia y que su número alcanzará los 66 millones en 2030.

La demencia es la principal causa de dependencia en las personas mayores, y en un futuro próximo no se dispondrá de suficiente personal para atender a muchos de estos pacientes.

Hoy en día, existen tratamientos farmacológicos que mejoran temporalmente los síntomas, y también tratamientos no farmacológicos que mejoran la calidad de vida del paciente, como la fisioterapia, la musicoterapia o la terapia ocupacional. En cualquier caso, en este tipo de enfermedades es necesario un tratamiento multidisciplinar.

Pautas generales de tratamiento de fisioterapia para un enfermo de Alzheimer

Desde el punto de vista de la fisioterapia, debe actuarse sobre los síntomas físicos con el fin de conservar la máxima autonomía del paciente. El deterioro físico suele ir acompañado de las afecciones articulares y musculares propias de la edad, como artritis, artrosis, rigidez articular, contracturas musculares, etc. Además, se ve muy afectada con el tiempo la capacidad de coordinación, especialmente durante la marcha, en la que observamos que el paciente va perdiendo de forma gradual la capacidad de mantener el equilibrio y que va arrastrando cada vez más los pies, lo que aumenta su miedo a caerse. Este miedo a las caídas provoca que de manera inconsciente se paralice al andar.

En el manejo de estos pacientes deberemos procurar que conserven una vida lo más independiente posible. Para ello, se intervendrá en los siguientes aspectos:

  • Mantenimiento de las capacidades: terapia blanda estimuladora, terapia facilitadora del aprendizaje de las tareas…
  • Entrenamiento de transferencias y traslados básicos: de la cama al sillón, entrada en la bañera o ducha, entrada en un vehículo…
  • Prevención de la incontinencia: entrenamiento vesical, acceso al baño…
  • Primeras medidas ante los trastornos del comportamiento (agitación, vagabundeo-wandering, trastornos del sueño, apatía…) se considera que el ejercicio, preferentemente matutino, es relajante e inductor del sueño.
  • Prevención de deformidades.
  • Prevención de úlceras por decúbito: cambios posturales y medidas técnicas.
  • Trastorno de la deglución. Éste es de origen neurológico, y en la mayoría de ocasiones con medidas muy sencillas se previenen posibles atragantamientos y broncoaspiraciones (riesgo de neumonías).

En el próximo post resumiremos el tratamiento fisioterapéutico que se recomienda para la primera de las tres fases de la enfermedad.

Fuente y texto completo: El Farmacéutico.

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