El deterioro cognitivo supone un problema de salud pública extraordinariamente frecuente en la población general. La enfermedad de Alzheimer (EA), así como el resto de las demencias, han visto un incremento de su prevalencia de forma paralela al de la esperanza de vida.
Se estima que para el año 2040, 10 millones de personas en Europa vivirán con demencia, y la cifra ascenderá a 14 millones en el 2050. Las estrategias de prevención son fundamentales a la hora de retrasar, e incluso evitar, el inicio de la fase clínica que denominamos demencia, en la que el individuo pierde su autonomía funcional.
Los estudios epidemiológicos han demostrado una relación muy positiva entre la actividad física y el funcionamiento cognitivo. El ejercicio físico regular atenúa los problemas motores, incrementa la formación de nuevas neuronas y enlentece el deterioro cognitivo. Sin embargo, los resultados obtenidos en estudios llevados a cabo en pacientes con EA son controvertidos.
Hay estudios positivos realizados tanto en ancianos sanos sedentarios como en modelos básicos de experimentación animal. En los primeros, se ha visto que la actividad física mejora las funciones ejecutivas, particularmente la memoria de trabajo, y en los segundos, el ejercicio físico produce mejoría del rendimiento cognitivo no sólo a nivel de memoria de reconocimiento de objetos, sino también en alternancia espontánea y aprendizaje espacial.
Si tenemos en cuenta las distintas fases clínicas de la EA, los efectos positivos de la actividad física se ven en individuos ancianos sanos y en deterioro cognitivo leve (DCL), así como en personas en riesgo de desarrollar una demencia tipo Alzheimer. En pacientes con demencia en fase moderada, estos efectos positivos no son reproducibles.
(…) Otros trabajos a seis meses en mujeres ancianas con DCL, centrados en ejercicio físico aeróbico, demostraron una mejoría en atención selectiva y resolución de conflictos, velocidad de procesamiento y fluencia verbal.
Los mecanismos neurobiológicos tales como la síntesis de neuronas, la creación de conexiones entre ellas, la generación de vasos sanguíneos, o la liberación de factores de crecimiento podrían considerarse el sustrato sobre el que actuaría el ejercicio físico.
(…) Por tanto, es recomendable la realización de ejercicio físico regular en las fases más precoces del deterioro cognitivo o en población en riesgo de desarrollarlo, siendo este efecto mucho más positivo en estas fases que conforme nos adentramos en fases moderadas de la demencia.
Autora: Dra. María Sagrario Manzano Palomo. Neuróloga. Hospital Infanta Cristina (Parla, Madrid) Comité Científico kNOW Alzheimer
Fuente y texto completo: kNOW Alzheimer